Avengers: El símbolo de una generación

Por: Kathia Villagrán.

Cada década está más marcada por su cultura popular y mediática que por cualquier hecho histórico; por ejemplo, si se hace mención de los gloriosos 80’s, es más fácil que la mente de la persona conecte automáticamente con los Reebok blancos, moñas más grandes que el rostro femenino, hombreras, viajes en el tiempo, óperas espaciales, el terror a la posible reaparición de dinosaurios, androides, Madonna y Michael Jackson; a que recuerde con la misma rapidez cualquier acontecimiento que haya afectado directamente a su sociedad o comunidad.

Estamos ya en la última parte de la segunda década del siglo XXI y con la información literalmente en la palma de nuestra mano, sabes que los superhéroes marcaron su territorio en el planeta como jamás lo habían hecho. Lo he dicho una y otra vez, los “supehéroes” ya NO son una parte del género sci-fi, sino que ahora se han convertido en un género totalmente individual (como los “Westerns” en la época de John Ford) y dentro de él encontramos subgéneros que se adaptan a las preferencias y gustos de cada persona. Ya no es la típica línea de tiempo con la que estábamos acostumbrados años atrás, en donde la persona “buena” con capacidades sobrehumanas salvaba a la humanidad de la persona “mala” con capacidades sobrehumanas. En esta nueva generación de personajes vemos matices grises: el héroe no siempre querrá salvar al mundo o el concepto de “anti-héroe” se hace parte del vocabulario coloquial. Los personajes femeninos ya no están como “eye candy”, sino también para demostrar sus capacidades iguales o más poderosas que las del resto del equipo.

Pero el mérito a quien mérito merece. Hay que reconocer que esto no sería posible, o al menos no tuviera la misma presencia que tiene en estos momentos, si no fuera por Marvel, quien antes no tenía acostumbrado al público a producciones que complacieran tanto a la crítica como a los fans. El director Christopher Nolan había puesto los estándares muy altos para personajes de ésa índole con su trilogía de Batman. Las casas productoras que contaban con derechos de Marvel se dedicaban a hacer películas para los fans existentes de los cómics y no para todos aquellos que jamás habían tenido influencia alguna con los supehéroes. Sin embargo, Marvel lo logró.

Como alguien que creció con un papá fanático del cine y que por supuesto no le apetecía llevar a su única hija en aquel entonces a ver películas de princesas, el sci-fi era bastante común en mi casa y fue precisamente una de las peores películas producidas bajo el sello de Marvel (Daredevil) la que me hizo casarme con los superhéroes. Por eso me siento dichosa de ser una de las testigos de ver cómo las salas de cine se han llenado al pasar del tiempo. Recuerdo que la primera de Iron Man la vimos alquilada y nadie lo creería porque ahora todos sentimos la necesidad de correr al cine (al pre-estreno si es posible) para estar inmunes a los spoilers.

Ahora casi se puede hablar con cualquier persona, independientemente de su género o edad, sobre la última película que se estrenó. Incluso puedo decir que he hecho amistades gracias a las películas del MCU y que me ha dado tema de conversación con personas que prácticamente no conoces pero que sabés que los temas geek están en la cúspide de sus gustos. Marvel incluso logró que personajes poco conocidos se volvieran parte de nuestro día a día y estén presentes en cualquier referencia que hagamos. También logró que cambiáramos de opinión con respecto a películas a las que entramos con las expectativas en cero, tipo Guardians of the Galaxy y Ant-Man.

El mercado de cine creció indudablemente pues personas que nunca se molestaban en pagar una entrada, ahora incluso pagan la más cara para mejorar su experiencia con la entrega que más le entusiasma en cada fase. Marvel hizo que personas como yo, que jamás había leído una historia gráfica exceptuando las tiras cómicas de la prensa, se introdujera a las novelas gráficas de sus personajes favoritos. Hizo que estereotipos como “los superhéroes son solo para hombres” y “la ciencia ficción es solo para los nerds” se rompieran. Tiene a personas formulándose teorías sobre el futuro de las películas y una gran presencia en el área de vestimenta, juguetería, alimentos, etc. Nos educó a ver los créditos hasta el final, cosa que todo mundo es culpable de saltarse, e incluso los más observadores hemos notado “easter eggs” hasta en las palabras que mencionan al equipo de trabajo detrás de una producción.

El plan dio inicio con Iron Man en el 2008 y siguió un ritmo no constante de una o dos películas por año. Recuerdo que con el anuncio de la segunda y tercera fase, veía muy lejanas las fechas del estreno y para el momento en que Infinity War se estrenara, ya la gente tendría su enfoque en otra moda ¡y qué equivocada estaba! Puedo atreverme a decir que ni yo ni los primeros fans que tuvo el MCU hemos perdido el gusto por esta franquicia, aun cuando no todas las entregas satisfacen nuestra exigencias más amplias. Además de que ahora tenemos muchos más factores de comparación para determinar si una película es buena o no.

Es interesante ver desde una perspectiva social, mediática, artística y mercadológica, el fenómeno que Marvel ha ocasionado. Tiene a millones de personas consumiendo, recomendando, hablando y apoyando ciegamente su marca. Aparte de romper los estereotipos con los que se atacaban a la comunidad de “geeks” y “nerds” en el mundo, ha logrado que grandes artistas (actores, directores, guionistas, entre otros) se involucren en su producción. Muchos no hubieran creído que personas que han sostenido, o estuvieron a punto de sostener, estatuillas al Oscar accedieran a colocarse una capa y un traje de spandex o estar atrás de la creación de un personaje que lo hiciera.

Pensar que Infinity War no es la conclusión de este viaje y que aún así recibe la mención mediática con la magnitud que la está teniendo, no nos hace más que poner a pensar en lo que se avecina con la verdadera conclusión de la fase y el inicio de la cuarta. Aún a sabiendas de que hay posibilidad que algo tan grande nos decepcione (no quiero ser negativa, sino realista dadas las experiencias previas), nada nos detiene a tener desde ya nuestra entrada al cine y contar ansiosamente los días, horas y minutos que nos resta para ver el “crossover más ambicioso de la historia”.



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